¿Por qué tu coño te parece feo?

Ya estamos, ya han venido estas chicas a decir barbaridades y hablar de coños. Bueno, pues sí es así, y agarraos que se viene muchísimo texto. Os voy a hacer una adaptación de un estudio que realicé a principios de año con el mismo nombre. (Podéis contactarme si queréis la disertación completa)

En primer lugar, voy a hablaros del tabú, que se puede definir como “tipos de comportamiento de evasión rodeados de un alto grado de energía social y cosidos en el tejido cultural a través de su apelación a un orden moral cosmológico” (Price, 2021). Es bien sabido que la Antropología ha tenido un no-sé-qué-qué-sé-yo con el tabú (Onishi, 1999), y le ha hecho cariñitos desde que Durkheim realizara la distinción entre lo <<totémico>> y lo <<profano>> (Saxby, 2020), y que Radcliffe-Brown (el antropólogo, no el prota de Harry Potter) afirmara que los tabúes proporcionan una aplicación sobrenatural de las normas de la sociedad, y que estos resultados sociales de los tabúes “constituyen su función esencial y la razón última de su existencia” (Radcliffe-Brown, 1945). De la definición de Price podemos entender que ese entretejido implica que el tabú es tanto producto como agente de la cultura, es decir, que la cultura lo provoca, y también el propio tabú moldea la cultura. Vale, exceso de definición, pero, ¿de dónde viene el concepto de tabú?

La palabra <<tabú>> viene del polinesio <<tapu>>, que se puede traducir como “prohibición” o “lo que no se debe tocar”, y nos la trajo a Europa el Capitán James Cook en 1777 (<<Etimología de Tabú>>, s.f.). Eso de <<lo que no se debe tocar>> o <<quien no debe ser nombrado>> tiene relación con la magia, lo sobrenatural y peligroso, y tendría también una función de advertencia para proteger al pueblo. Solo la gente elegida, los hechiceros que usaban el poder sagrado del maná para dominar el tabú, podían decir de todo sin castigos, venciendo al tabú y dominándolo.

Ya os he hablado de Durkheim, a él le iba la marcha prohibida y el rollo de las cabras y explotar a su sobrino  e incluso definió las religiones como:

Un sistema unificado de creencias y prácticas referidas a cosas sagradas, es decir, a las cosas apartadas y prohibidas, creencias y prácticas que unen a una sola comunidad moral, llamada Iglesia, a todos los que se adhieren a ellas.

(Saxby, 2020)

Hasta aquí queda claro que los tabús son chungos y satánicos, ¿no? Bueno, pues no es tan cierto, tabús hay por todas partes y en todas las esferas. En concreto, en este punto me interesa hablar de los tabús en el lenguaje, porque a través del lenguaje, se modelan nuestros procesos cognoscitivos y nuestra realidad (Perlovsky & Sakai, 2014). ¿Tabú en el lenguaje? Sí, y su implacable archienemigo el eufemismo.

El eufemismo es el ibuprofeno del lenguaje, todo lo cura, nos sirve para hablar de coños y pollas y que no parezca que estemos hablando de coños y pollas. Sirve para enmascarar esos objetos o acciones sociales que son desagradables, que nos producen vergüenza, o que la sociedad nos ha dicho que está mal expresar, hablar de, o sentir. El punto del eufemismo es que su propio uso fomenta que lo-que-no-se-dice-claramente sea tabú. Según Hughes (2006), “el uso de formas deliberativas, convencionalmente precisas o socialmente ‘cómodas’ de referirse a temas tabú, embarazosos o desagradables” es el eufemismo. Otra cosa interesante, es que el eufemismo está intrínsecamente ligado al lenguaje, esto quiere decir que los tabús son diferentes en función del lenguaje. Pero ojo, que el tabú es universal, lo que cambia de una cultura a otra es lo que se considera tabú (Luna-Santos, 2021).

El tabú juega todas sus cartas en cuanto a estética se refiere. Lo que es tabú se borra, no lo queremos, ugg qué asco, censura, stop, eso es indecoroso, y demás. Lo siguiente que vais a ver es una imagen inherente a la condición humana, un parto, y os va a sorprender saber que sí, efectivamente, los partos también tienden a ser tabú.

Charity and Izaiah, Jessica Clements, óleo sobre lienzo, 2007 (Tyler and Clements, 2009)

¿Pero cómo los partos van a ser tabú? Estás loca, me diréis. En palabras de la autora del cuadro:

Cuando me enteré de que estaba embarazada, no podía imaginarme dar a luz. La idea de que mi vagina fuera lo suficientemente ancha para la cabeza de un bebé me parecía imposible y horrible. Cuanto más leía sobre el tema, más grotesco me parecía el parto. Una mezcla de los humores de la madre y el bebé: sangre, sudor, mucosidad, excrementos, orina, vómito y líquido amniótico.

(Tyler & Clements, 2009)

La humanidad lleva miles de años pariendo por el coño, y ahora sorprende a una mujer enterarse de lo que es un parto. ¿A qué se debe esto? A que al ser algo tabú, no se habla, no se dice y no se concreta lo que es el proceso, se maquilla y en cierta manera se “engaña” a las futuras madres, sobre lo que van a experimentar. Es el <<solo la puntita>> del parto.

Aquí es donde se deja ver el tabú como agente de la cultura. El tabú además fomenta el tabú, y censurar va a crear una cultura de lo que está socialmente aceptado y lo que no, lo que se queda y lo que se elimina.

Volvemos a la religión, porque todes sabemos que la religión de censurar sabe mucho. En épocas, en las que la religión o un régimen autoritario son los que ejercen la autoridad moral en la sociedad, han sucedido los mayores actos de censura de nuestra historia, y en muchos casos, de autocensura, para encajar en los estándares sociales permitidos (Fortunato, 2020). Este punto es muy interesante en el trabajo de Mansour-Ille sobre el relativismo cultural y el cine:

Puede decirse que esta tendencia a filtrar normas y valores ha contribuido a afectar al contexto sociocultural de la religión de manera que empuja al público hacia el conservadurismo, en lugar de hacia la libertad de expresión y de pensamiento. De hecho, ha hecho que los espectadores de a pie dependan del papel que desempeña la censura estatal, que poco a poco ha hecho que no estén dispuestos a aceptar pensamientos, valores o representaciones que se sitúan fuera de las normas comúnmente mantenidas y aceptadas a las que han estado acostumbrados durante tanto tiempo.

(Mansour-Ille, 2012)

La censura es social, y desde luego las redes sociales no se iban a librar de ella. Sabemos lo que no le gusta a la gente: los pezones. Sí, la sociedad es enemiga de los pezones. Los pezones no gustan, y por eso se lanzan campañas feministas como #FreeTheNipple, para reclamar que se deje de censurar los cuerpos por tabús religiosos.

Imagen de Pixon Project denunciando lo absurdo de censurar pezones femeninos (Ceballos, 2018)

Las formas de representar el cuerpo tienen un componente social, en cuanto a salud, estética, movimiento forma, y en el caso de las mujeres, también fertilidad. Las distintas representaciones han ido variando a lo largo de los siglos, desde esas Venus voluptuosas a los inicios de las pasarelas de moda con los cuerpos sin grasa. Sí, la sociedad moldea la percepción estética del cuerpo y la relación que tenemos para con él. Es comprender la percepción sobre nuestra imagen corporal uno de los elementos fundamentales para entender las representaciones subjetivas del cuerpo (Camargo y col., 2011). Tranquilas, me voy a ahorrar toda la parte de enseñaros “cuerpos de anuncio”, pero no os libráis que hable del capitalismo.

Las mujeres, en muchas sociedades, hemos estado siglos reducidas a meras mercancías. Es con la llegada del capitalismo, donde la circularidad de producción y consumo, a través de modelos ejemplares de belleza, de cánones, forjan ideales sociales del cuerpo y los estándares de aspiración estética (Mass torres, 2014). Los cuerpos fuera del canon son tabú, por lo que la <<subjetividad>> del <<sujeto>> está abocada plenamente a la interminable tarea de ser y seguir siendo un artículo vendible (Sossa, 2011).

Es fácil deducir que lo que vengo a contar es la relación entre la estética y el tabú, lo que llamo la <<antiestética>>. Un epítome de la antiestética lo tenemos en la obra de Balthus, ampliamente censurada.

Thérèse Dreaming (1938) y The Guitar Lessons (1934)

Como podréis imaginar, no son pocas las críticas que recibieron estos cuadros. En el caso del segundo, fue expuesto durante 15 días tapado en París, después un mes en Manhattan y después nunca volvió a ver la luz (esperemos que al menos haya calentado alguna chimenea).

El tabú no solo afecta al cuadro en sí, sino también puede afectar a su proceso de creación. Ahora quiero hablaros de Pricasso, el artista favorito de Leonardo Dantés, que con su miembro viril pinta cuadros mil, y tan comprometido con su obra, que las culmina eyaculando sobre ellas, es frecuentemente objeto de burlas (Wightman, 2016) y sus obras pasan a la esfera de lo ridículo, sin llegar a apreciarse de forma artística, independientes de su realización.

Pricasso posando con una obra y su modelo (ver su web)

Si hablamos de algo que sea tabú, siempre entran en primer plano las pollas y los coños, que, como ya hemos visto, son comúnmente un objeto de censura y, en especial, el cuerpo de la mujer.

Dediquemos un segundo para coger aire, y gritar fuerte: ¡POLLA!

Y ahora más relajadas, vamos a continuar hablando de genitales.

Allá donde el hombre pueda dibujar, dibujará una polla (Luna-Santos, 2021). Los genitales son un objeto estético, su apreciación depende del sentido de la percepción individual, que se forja en la cultura. Las pollas han sido representadas comúnmente como un objeto de poder (¡gracias Freud!). El discurso dominante sobre que “el tamaño importa” deja entrever “el pene nunca es lo suficientemente grande para ser poderoso” (Mckee, 2013). Y sobre el tabú, ¿el tamaño importa en el tabú? En esta línea hay muchas investigaciones post-freudianas que cuestionan el rol cultural y cisheteronormativo del falo (Rae, 2020).

Obra To the Penis de Paul Delprat, grabado sobre papel

¿Qué opináis de la obra de Paul Delprat? ¿Tremenda vaina, verdad? Algunos estudios afirman que este tipo de obras se deben a la “sociedad falocéntrica” (Williamson, 2020). El falo como centro de poder (volviendo al paradigma freudiano y a las bases de la sociedad patriarcal).

Photograph naked couple in sexy scene y Man in Suit – Naked man in closeup de William Langeveld

Claramente en estas imágenes de Langeveld podemos observar cómo el pene toma un papel principal. Ambas imágenes contienen elementos que dotan al pene de ese poder. En la primera vemos cómo la mujer toma el rol de sumisa (porque somos sumisas esperando a que nos domine un pene, eso bien lo sabe hasta el Papa), el hombre en postura erguida mostrando sus músculos y controlando las piernas de la mujer, el ángulo y la luz además favorecen la sensación de control. En la segunda imagen vemos otros elementos de poder, como pueden ser el traje y la corbata, con las manos enmarca su miembro de forma que representa también un pene poderoso.

¿Los hombres sienten que su pene es poderoso? Pensaréis: ¡qué va, ya está esta feminazi loca! Pues bien, llega el momento de hablar de las fotopollas. Para quienes quieran disimular que no han enviado ni recibido nunca una fotopolla, os dejo esta reflexión de Paasonen: “una imagen del pene hecha por uno mismo funciona como una figura de poder fálico masculino conectada a una falta fundamental de seguridad sexual experimentada por las mujeres en línea” (Paasonen y col., 2019).

No, no he venido a demonizar las pollas, solo me interesa hablar de ellas en el contexto de la antiestética. De hecho, hay un estudio muy interesante de Tiidenberg (2014) que muestra cómo los selfies, y autofotografiarse (otra forma también de fotopollas) puede recuperar la estética corporal del régimen de la vergüenza, romper con la sociedad de consumo cisheteronormativa del cuerpo y redefinir así lo que es sexy o bello.

Las pollas se representan con poder, pero ¿los coños? El papel del coño es diferente al de la polla. Las pollas las tienen hombres fuertes y valientes de verdad y los coños los tienen brujas. El papel social del coño es servir a la polla, como un mero receptáculo del falo y no encontraremos los elementos de poder que veíamos en las imágenes de Langeveld. El coño, además, se suele representar como una parte del cuerpo de la mujer-cis que es vergonzosa, sucia y repugnante. Esto provoca que muchas mujeres sientan que sus genitales son feos, de aspecto gracioso, repugnantes, malolientes y nada deseables (Dodson, 1974).

“Donde hay pelo, hay alegría”, o eso pensaba yo hasta que vi en Facebook esta campaña publicitaria de Beller Depilaciones. Ahora ya no puedo comer donuts de la misma manera.

Campaña publicitaria de Beller Depilaciones (2021)

Nos gustan las mujeres sumisas, sin pelo, porque nos va la cultura de la pedofilia del consumo capitalista del cuerpo. Las mujeres sexualmente atractivas en los cánones de belleza no tienen vello público (Brailey, 2009), y sus genitales se parecen más a los censurados de Balthus. ¿Qué es la depilación sino un tabú cultural escudado en la <<higiene>> y la <<atracción>>? (Para atracciones buenas, las del parque, ¿es o no?)

En estas imágenes vemos cómo el vello púbico asociado al hombre y el asociado a la mujer son representados de forma dicotómica bueno-malo, sexy-asqueroso. Este tabú, cabe mencionar, que es relativamente reciente, y data de la segunda mitad del siglo XX. Antes sí había alegría donde había pelo. Y es por esto por lo que han surgido otras reivindicaciones pro-vello como el #sobaquember (de Galicia, 2014).

Si lo relacionado con el coño nos da tabucillo, lo siguiente al pelo, ¿qué es? ¡BINGO! Ahora toca la sangre 🙂

“Muy segura, muy mujer”, porque todo el mundo sabe que una mujer va segura cuando no sangra, cuando de su útero salen unicornios y la alegría de los niños. Efectiviwonder, no es común ver a una mujer pedir abiertamente una compresa o un tampón a otra si lo necesita, se hace de “contrabando”, como si menstruar fuera algo a ocultar a la sociedad.

En el estudio de Salaric y Diehl (2019) se muestra cómo el tabú de la menstruación en la India afecta a la salud, la educación, las posibilidades económicas, las relaciones y el bienestar de las mujeres. Sí, jugar con nuestros coños tiene un fuerte impacto en el bienestar de las personas, que a su vez tiene un fuerte impacto en la percepción estética de estas (Paoli y Proacci, 2019).

Como muchas mujeres están “hasta el coño”, han surgido diversos movimientos reivindicando la visibilidad de la sangre menstrual. Sarah Levy se hizo conocida por el retrato de un famoso personaje político que abandera la “libertad”, y utilizó los fondos que recaudó con la obra para donar dinero para la inmigración, teniendo así un doble zas en toda la boca efecto social. Es posible que en la publicidad de las compresas os moleste la sangre, pero veamos si os molesta su obra:

Donald Trump pintado con sangre, Sarah Levy

En la cultura maya también encontramos literatura sobre el tabú de la menstruación (Kovac y Podolinská, 2017), que indican que el tabú no es sobre la sangre, o las mujeres, sino sobre la mujer en edad reproductiva, con un probable origen en el control de la sangre de los rituales, asociado directamente al tabú del parto.

Varias artistas más han mostrado de forma transgresora su sangre. Por ejemplo, la conocida poeta Rupi Kaur:

Period de Rupi Kaur, 2015

En su caso, Rupi Kaur acompaña sus poemas con sus ilustraciones y, en su libro Milk and Honey, incluye un problema sobre la menstruación.

Aparentemente es poco agraciado de mi parte mencionar mi periodo en público porque la biología real de mi cuerpo es demasiado real. Está bien vender lo que hay entre las piernas de una mujer más de lo que está bien mencionar su funcionamiento interno.

El uso recreativo de este cuerpo se ve como algo bello mientras que su naturaleza se ve como algo feo.

Kaur, 2015
Menstrual cycle, poema de Rupi Kaur incluido en Milk and Honey

¿Qué hay peor que un coño peludo y sangrante? ¡Un coño viejo, peludo y que no sangre! Pues sí, el tiempo es uno de los grandes tabús de nuestra sociedad, y se debe a que lo relacionamos con la muerte (Rauterberg & Irandoust, 2015). En general, nadie quiere morir, ¿por qué iba a querer nadie ver algo que le recordara que acabará muriendo? De esto haré otro breve post como este, no os preocupéis.

Si el tiempo no nos gusta porque nos recuerda a la muerte, menos nos gustarán los enfermos. Esto se ha visto claramente durante la pandemia del coronavirus, donde rara vez se mostraban imágenes reales de los enfermos, los hospitales y los muertos; de forma que se ha dado pie a la emergencia de ideas negacionistas de los virus.

¿Dónde está el virus? ¡Que yo lo vea!

Si has llegado leyendo hasta aquí, comenta: “¿Dónde están los posts? ¡Que yo los vea!”

Hasta aquí hemos visto todo lo que está mal. Está mal el pelo, está mal la sangre, está mal que pase el tiempo, está mal que te expreses en ciertos términos, todo mal. Claramente, esto tiene una gran repercusión en la identidad. El cuerpo está entrelazado con la identidad y el sentido del yo, y la evaluación estética de los cuerpos puede perpetuar la opresión basada en la raza, la identidad de género, la orientación sexual, la edad, el tamaño y la discapacidad (Irvin, 2016).

Ya sabéis que hemos hablado de la transexualidad y las personas transgénero en este blog anteriormente. Aquí merece la pena traer de nuevo a flote la lucha trans debido a que son las personas que sufren de los mayores tabús sociales. Esto provoca claros problemas con la identidad de las personas trans, que pueden suponer un peligro para su salud mental (Patrick, 2020). Problemas que se fomentan gracias a campañas tránsfobas como las de Hazte Oír

Las luchas sociales tienen reivindicaciones, los de Hazte Oír tienen autobuses naranjas, que no te engañen.

Sí, este tabú es cultural, como ya os contábamos, en otras culturas la gente trans no era repudiada, ni tabú, como en nuestra cultura occidental (Luna-Santos & García-Dios, 2021). En este caso también apreciamos una clara diferenciación de género: es más fácil encontrar desnudos de mujeres trans -o mujeres con polla- que de hombres trans -hombres con coño-, saliendo del porno. Obviamente, esto se debe a que los cuerpos de las mujeres, incluyendo a las mujeres trans, son objetos de consumo, fetiches.

Trans-Form 01 Black and White de MythosArcane, 2018

La estética en torno a nuestros cuerpos nos hace querernos u odiarnos. Nuestro cuerpo es estética, nuestro cuerpo es cultura y nuestro cuerpo es tabú.

Es común escuchar la frase “yo no quiero ver a viejas desnudas” hablando sobre ir a una playa nudista. ¿Qué tiene una mujer mayor que pueda provocar ese rechazo?, ¿por qué rechazamos un coño o las imágenes sobre un parto?, ¿no venimos la mayoría de las personas del vientre materno? Este rechazo viene del tabú social, que genera en nosotras un canon estético y nos hace sentir incómodas ante una multitud de cuerpos desnudos, que además es sexualizada.

Para ir cerrando el post, me gustaría comentar que el hecho de haber estado utilizando constantemente palabras como <<coño>> y <<polla>> se debe a pretender mostrar el poder y el impacto que tienen los eufemismos en el lenguaje, y la incomodidad que puede suponer ver estas palabras en una página que no es +18, sino un blog de divulgación. Es probable que gran parte del post os haya parecido <<antiestético>>, quien avisa no es traidor, pero si la estética se extiende de forma horizontal en la sociedad, como la cultura, no se le puede atribuir a nadie, ni poseerla. Nadie puede abanderarse la estética.

En definitiva, el tabú se entreteje entre todas las parcelas culturales y se sirve de herramientas, como el lenguaje, para cobrar fuerza y moldear nuestro pensamiento. La aceptación de nuestro cuerpo, entender que tu coño no es feo, pasa por entender primero de dónde nace el pensamiento de que lo es.

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REFERENCIAS:

En este documento se encuentran todas las referencias utilizadas en este trabajo.

Por qué tu coño te parece feo – bibliografía

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¿Es el beso universal?

Niña, Madre, Hija, Mamá, Personas, Familia, Mujeres
Besar es una de las mejores maneras de compartir sentimientos entre dos seres. Es un acto incomparable a cualquier otra forma de expresión de cariño. El beso tiene su lenguaje propio que nos brinda la oportunidad de expresar nuestros sentimientos más profundos. Es algo sensual, supremo, que envía señales directamente a la región límbica de nuestro cerebro donde se originan sentimientos como la pasión, el amor y la lujuria. Besar nos transmite el olor, el sabor, la calidez y el tacto de la otra persona
Señala el doctor Vaughn M. Bryant, del Departamento de Antropología de la Universidad de Texas.

Todas las personas sabemos qué es un beso pero, ¿estás segura de que esta afirmación es universal? Si bien el otro día discutíamos aquí sobre si los cereales con leche son sopa, hoy nos centraremos en dar respuesta a la pregunta: ¿es el beso universal?

Según la Real Academia de la Lengua Española BESAR, entre otras acepciones, significa lo siguiente:

Besar (Del lat. Basiāre)

  1. 1.tr. Tocar u oprimir con un movimiento de labios a alguien o algo como expresión de amor, deseo o reverencia, o como saludo.
  2. tr. Hacer el ademán de besar a alguien o algo, sin llegar a tocarlos con los labios.

Numerosos filósofos y escritores han dedicado gran parte de sus reflexiones al tacto, y a la piel. Para la acción de besar es necesario el sentido del tacto, que se entremezcla con otros sentidos, gusto, olfato, oído y vista, aunque en la mayoría de los besos pasionales la vista queda relegada al cerrar los ojos. Es precisamente el tacto el que más importancia cobra al besar y sentir con nuestros labios a la persona deseada.

A finales del siglo XVI Francesco Patrizi escribió la única obra de filosofía exclusivamente dedicada al beso, Delfino o del beso (1577) con un meticuloso análisis de la sensación de placer que produce el beso erótico. Pero sólo estaba interesado por el beso heterosexual, el beso de Paolo y Francesca, de Lancelot y Ginebra, de Romeo y Julieta.

Es necesario diferenciar este último beso, el erótico, pues en él interviene un diálogo entre lenguas, aunque no existan las palabras.

Para el resto de los besos, también con el tacto como protagonista, que discurren de una manera más casual y fraternal no tendremos en cuenta el deseo. El beso ha sido el saludo habitual en diversas épocas y culturas, incluso sin utilizar los labios, como es el caso de “el beso de nariz o esquimal” o la unión de frentes.

¿El beso es biológico o cultural? Como dice Vaughn M. Bryant “besar no es un fenómeno cultural universal”

Ya en el año 2600 a.e gustaba mostrar besos como se puede observar en la ilustración de la pintura Los manicuros del faraón Nyuserra en la mastaba de la necrópolis de Saqqara.

L'ARMARI OBERT: LOS MANICUROS DEL FARAON: UNIDOS EN LA VIDA Y EN LA MUERTE
Ilustración I. Los manicuros del Faraón 2600 a.e

En cada libro, ensayo, clase o conferencia sobre Antropología que he podido disfrutar, siempre se nos ha dejado claro que la cultura no es algo que se adquiera o pueda comprar, la cultura nace desde y hacia nosotras, la cultura no se posee, ya que todas las humanas somos agentes de cultura, por lo tanto, el beso, como acción humana que es, podrá tener diferentes interpretaciones o definiciones culturales dependiendo de quién esté definiéndolo.

(Benditas clases del profesor Ángel Díaz de Rada de la UNED)

El beso en España tiene hasta canción, forma parte de nuestra cultura, vemos bien besarnos delante de otras personas, besamos a personas desconocidas cuando nos las presentan, besamos al saludarnos y besamos al despedirnos (véase desde un punto de vista pre-Covid19)

El beso en España, Manolo Escobar (1966)
La española cuando besa
Es que besa de verdad
Y a ninguna le interesa besar con frivolidad

El beso, el beso, el beso en España
Lo lleva la hembra muy dentro del alma
Le puede dar usted un beso en la mano
O puede darle un beso de hermano
Así la besará cuanto quiera
Pero un beso de amor
No se lo da a cualquiera

Dice la canción: la española cuando besa es que besa de verdad, supongo y espero que no solo ocurra con la española, sino que cuando una persona bese lo haga porque le apetezca.

También dice: lo lleva la hembra muy dentro del alma, le puede dar usted un beso en la mano o puede darle un beso de hermano, parece que es algo común y popular el diferenciar los besos románticos de los fraternales, dejamos un par de preguntas en el aire ¿se le da un beso en la mano igual a una amiga, a una hermana o a una pretendiente sexual? (oh, qué chorprecha, ¡pues va a ser que no!) ¿Y en una cultura en la que no se admiten besos también son capaces de diferenciarlos? Que el beso no se considere un fenómeno cultural universal no significa que no seamos competentes a la hora de reconocer conductas amorosas y/o sexuales.

Somos capaces de reconocer un beso previamente al beso, a través del lenguaje no verbal reconocemos “una mirada de anticipación que entienden todos los que alguna vez besaron en la boca y fueron besados” (Mántaras, 2020).

Pero igual que en España tenemos muy presente el besarnos (gracias a las personas árabes que nos trajeron la costumbre) en otras partes no está aceptado, viaja mentalmente a Baréin (donde está prohibido) y dime si te encajaría ver un beso apasionado como el que podría ver bajo la Torre Eiffel o frente a la Plaza Mayor, con o sin café con leche (pero que quede claro que las madrileñas no nos vamos abrazando en el metro).

Existen muchos tipos de besos, o realmente solo uno, pero en diferentes partes: mano, mejilla, frente, pelo, lanzados, en los labios, en la piel dolorida por un golpe o coscorrón, en la barriga o en otras zonas menos visibles.

Al igual que existen muchas connotaciones: amistosos, familiares, de compromiso, románticos, sexuales, incluso falsos (no te lo perdonaré jamás, Judas, jamás)…

Conjuntamente, aparte de tipos y connotaciones (culturales) algunas antropólogas evolucionistas sostienen que puede ser un mecanismo adaptativo al que se llegó para probar rápidamente la salud y la compatibilidad genética de una pareja sexual potencial, ya que no solo tienen componentes subjetivos y culturales, sino que también dispone de componentes objetivos y fisiológicos, un beso crea una tormenta química en la que intervienen 32 elementos anatómicos.

Aunque parece existir un predominio de lo cultural frente a lo instintivo, también este último factor tiene gran importancia en el acto de besar (…) Nuestros ancestros aprendieron a detectar el color rojo más fácilmente para ubicar frutos maduros esenciales en su supervivencia. (…) Muchas culturas antiguas destacaron los labios de las personas con tonalidad roja. Esto sugiere que establecieron una asociación entre los labios y un factor de supervivencia. (…) Apoyada la tesis instintiva” (Sánchez Cuevas, 2017)

Un equipo dirigido por el antropólogo William Jankowiak de la UNLV fue el primero en cuantificar la universalidad del beso romántico-sexual a través de un estudio transcultural. En él se demostró que los besos románticos y sexuales no son un comportamiento humano universal. Definieron los besos románticos y sexuales como “contacto de labios con labios intencionado, más enfocado y potencialmente más prolongado” y obtuvieron los siguientes resultados:

Ilustración 2. Resultados de la investigación

Como se puede observar, este tipo de besos está menos presente en las culturas y de manera significativa está relacionado con la complejidad de las sociedades.

Continuando con la definición cultural y emocional del beso voy a mencionar a Marcel Danesi, profesor de semiótica y antropología lingüística en la Universidad de Toronto quien “lejos de considerarlo como una huella evolutiva impresa en la genética humana, sostiene que es el resultado de una serie de eventos culturales: la necesidad de amor es universal pero la acción de amar es cultural-específica”. Este antropólogo es el autor de The history of the Kiss (2013), una investigación sobre el beso y su significado en diferentes culturas y momentos a lo largo de la historia.

Diversas culturas se saludan con besos, en España, Grecia e Italia con dos, mientras que aquí lo hacemos de mejilla derecha a mejilla izquierda en el hogar de nuestros vecinos italianos lo hacen a la inversa, de izquierda a derecha, además entre dos hombres griegos también se verá ese saludo, acción que los “machos ibéricos” españoles preferirán sustituir por un apretón de manos, que es “de hombres”.

Tampoco te sorprenderá saber que los antiguos romanos, se saludaban también con besos, además indicando con ellos su estatus social: besando diferentes partes del cuerpo del emperador pudiendo ir desde la mejilla a los pies.

Los besos forman parte de nuestro día a día, no solo interactuando con otras personas sino también con mascotas, objetos o incluso imágenes. Te parecerá habitual ver a una cristiana devota besando una estampita o un crucifijo, o a una persona besando una fotografía de un ser querido ausente (no descartamos la posibilidad de ver a algunas estudiantes de antropología besando un manga de Naruto o una agenda de conejitos nueva… no quiero señalar a nadie en concreto…).

Las diferencias culturales a la hora de besar son grandes y podemos incluso encontrarlas en un mismo país.

Como ocurre en Francia, donde la cantidad de besos puede variar de uno a cuatro, según en la provincia en la que te encuentres.

Puede observar en esta imagen publicada en Le Parisien, un periódico regional francés esas variaciones.

Ilustración 3. Mapa de Francia con los besos que dan al saludarse (Periódico Le Parisien)

Una vez que ya sabemos qué es un beso y que está directamente relacionado con la cultura podemos decir rotundamente que no, el beso no es universal.

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